No es sólo ficción

"Quería tan solo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mi, ¿por qué me iba a ser tan difícil?" – Demian (Herman Hesse)

El gran circo de los invisibles

Hace tiempo leí un libro que, por lo que sea, he decidido releer hoy. Recuerdo que en su momento me pareció que abordaba las relaciones humanas de una forma demasiado enfermiza, que cada personaje tenía una carga de irrealidad demasiado alta como para no chirriarme en cada página. Supongo que con el paso del tiempo, cuando uno profundiza más y más (y más) en la naturaleza humana, la percepción se afina y surgen los detalles. Llevaba bastante rato metido a fondo en la lectura cuando de repente me he dado cuenta de que me estaba causando mucha tristeza descubrir que no está errado en absoluto, que todo aquello que me pareció enfermizo entonces no sólo no ha dejado de serlo, sino que ahora lo veo perfectamente coincidente con la dinámica que siguen las relaciones personales.

Algo que siempre estuvo ahí y que se ha ido enfocando poco a poco hasta verse completamente nítido. Como si hubiera hecho una foto estupenda a un prado y al volver a mirar me diera cuenta de que el césped está hasta arriba de grandes y jugosas mierdas de perro, no sé si me explico.

En cualquier caso el libro ha dejado de ser una basura y el café me ha quedado de puta madre, así que ni tan mal.

¡Salud!

Mr. Moon

Siempre es la única, pero nunca es la misma.
Y así es como debe ser.
Y si nunca te pierdes, nunca te encuentras.
Y hasta que unos ojos no se van y ves la profundidad en otros, se atascan las palabras.
Porque la boca en realidad está hecha para otros menesteres.

Güat ar yu duin mai frien?

¿Qué se dice cuando ya se ha dicho todo? Creo que se me está olvidando cómo escribir sobre cosas importantes, si es que eso existe. Estoy bastante seguro de haber cambiado, mi enfoque ha cambiado, mi horizonte también.

¿Y ahora qué coño hago yo aquí? Sería quizá la pregunta más acertada. Abrí esto al comienzo de lo que fue la racha más perturbadora de mi vida, o no lo fue y sólo me lo parece porque lo puse por escrito, no lo sé. Cada vez me parece más un ejercicio de narcisismo que de liberación. Con el tiempo me he contenido más, la crudeza a veces puede ser muy destructiva y la dejé un poco de lado, aún cuando ha sido una gran herramienta para escupir sin escrúpulos.

¿Puede ser porque nunca supe a quién escribía? Nunca me preocupó. La tolerancia a la soledad también cambia con los años y lo que antes salía casi con violencia ahora se filtra de a poco, el proceso de meditación es mucho más profundo y las respuestas se dejan ver antes.

¿O es cinismo? Cuando el proceso empieza regresan algunas preguntas, otras son nuevas. A lo mejor me miento a mí mismo, porque para no tener preguntas, pregunto demasiado.

Escribo algo que creo haber resuelto hasta que un buen día se me olvida y cuando lo releo simplemente no lo entiendo. No dejo de enamorarme, ni de hacer las reflexiones inútiles de los miércoles, sólo que antes lo hacía por separado y hace tiempo que por norma va todo en la misma maleta. Tampoco he dejado de cagarme en la puta madre de los demás que ya ves tú qué culpa tiene la mujer de que seáis todos unos impresentables.

Hoy (sintiéndolo mucho) no hay reflexión profunda.
Pero os dejo un temazo.

Orange Juice

Es como si todo lo que hace poco me preocupaba hubiera dejado de importarme. Salvando los muebles, de alguna forma todo ha quedado atrás. Eso, lo otro, ella, aquel, todo. Ahora sé de dónde venían tantas palabras desgarradas, tantos textos estupefacientes. De por qué mis propios pensamientos me sonaban al eco del que grita sin tener ni puta idea de qué está pasando.

Estaba buscando donde no debía. Era muy fácil, demasiado fácil. A veces cuando pierdes las llaves el último sitio donde miras es en el más evidente, y yo ya había revuelto los cajones, el armario, la cocina y los sofás. Y cuando he metido la mano en el bolsillo, mientras las preguntas se convertían en sus propias respuestas y terminaba la canción, he encontrado las llaves.

Hoy leo mis batallitas a oscuras y entiendo mi desesperación, lo entiendo todo. Saberlo sube las persianas y abre las ventanas. Cuando estaba solo, despierto, sin objetivos y arcadas de letras descontroladas que fui vomitando en los lavabos más cercanos, por Madriz.

Orbitando, ¿os acordáis? Poh yo tampoco. Ea, marchando.

Eet

Hay canciones que se me hacen eternas cuando pienso en ti. Y cuál si no ese es el objetivo de escucharlas, sumergirme en algo que creo de los dos pero practico en solitario. Algo interior que sólo con angustiosas notas me evoca tanto tu respiración y tus ojos.

Coelho te miente

Créeme cuando te digo que nada va a ir bien por arte de magia.
Nada terminará como en un cuento de hadas porque lo pienses muy fuerte.
No, definitivamente nada va a ser asunto de tu maravilloso y escrito destino triunfal.
Pero será emocionante, llorarás y reirás, sufrirás como nunca imaginaste.
Aprenderás.
Olvidarás el prostituido e ingenuo positivismo irracional y su verborrea, tocarás tierra.
Te asombrará lo inmenso que es el mar, tendrás vértigo el ver lo pequeño que eres en la cima de una montaña, escucharás el silencio en medio de un bosque y también (por qué no decirlo) te dará por culo la Agencia Tributaria.

Pero lo mejor es que vivirás, pensarás y existirás.
Y ninguna de esas cosas te costarán veinte pavos en el Fnac.

Toro

Te quiero.
¿Y por qué? Me preguntas.
Porque así lo siento, te contesto.

Pero entiendo tu incredulidad, tus argumentos sobre lo fuerte que es querer y que no se hace a la ligera, y ese es mi principal problema con todo este asunto, que no «lo hago». No te quiero como acción, no te pienso en términos de amor, ni me molesto ya en preguntarme qué es eso y si se come. No, lo que a mí me pasa es algo que no se puede deshacer de forma simple. ¿Tú a mí no? Bueno, no hay problema, realmente no lo hay, no era el objetivo, no cambia en absoluto lo que yo tengo encima. Ojalá lo cambiara, ¿no?. Cada uno para su casa y aquí paz y después gloria. Pero hay algo en tu forma de ser que me atrae de una forma que supera con creces el ego, todo muy psicotrópico.

Y lo más curioso, esto no es un texto de desamor. Ni tan siquiera es un texto desde la tristeza, es más una expresión, porque no echo nada de menos ni siento como si me faltara algo, no existe un «quiero tenerte y no te tengo» ni un «sin ti me muero» de balada cutre de verbena. Es mucho más abstracto, mil veces más surrealista y nada tiene que ver con las necesidades.

No, ésta mierda es confusa pero no duele. Es asistir como espectador a la fascinación de un tonto por un lápiz. Ni te entiendo ni intento entenderte, sólo observo y pienso en la rareza del ser humano.

Asedio

Como una presión, un ardor de estómago, una amnesia selectiva que no acaba hasta que tocas la almohada; es entonces cuando recuerdas lo que sentiste, lo que sientes y lo que puedes sentir. Lo que no mata te hace más fuerte: y una polla. Lo que no te mata te hiere, y no todo se cura. Recuerda al síndrome de abstinencia, una sensación brutal de desamparo, un temblor interno que te desvanece y te desarma, que deja colgando tu dignidad de tus pensamientos. ¿Y qué pasa cuando tus pensamientos caen con ella? Una bolsa colgando, el sonido de una máquina y la certeza de que, por poco que sea el tiempo que haya, hiciste lo que pudiste.

Si pierdes la guerra, que no sea por asedio.

Mirage

Cuando la muerte asoma la cabeza todos nos metemos las manos en los bolsillos e intentamos comprender lo incomprensible; que la vida es muy corta no lo comparto, no creo que sea tan simple, pero no es lo suficientemente larga como para dar lo mejor de nosotros donde no es bien recibido.

Y cuando dramatizar se convirtió en costumbre, saltó la alarma. Se puede hacer el gilipollas por un tiempo limitado hasta darte cuenta de lo absurdo de la situación, pero cuando comprendes que estás rebajándote de forma vergonzosa el efecto rebote puede ser enorme.

¿En qué punto la sinceridad se convierte en mendicidad emocional?

Puede ser que uno se sienta estúpido después de perder el tiempo en una de estas maravillas psicológicas del ser humano, pero la verdad es que es una ocasión excelente para practicar la introspección y conocerse un poco mejor, entender hasta que punto estabas equivocado y cómo, sin comerlo ni beberlo, acabamos dando un valor inmenso a algo que demuestra no merecer el precio que estamos pagando. Lo más curioso de sobre valorar algo es la ceguera temporal que produce, como si nuestra mente se aferrara a una idea intangible y se negara a aceptar la realidad.

Pero no todo es malo en el psicodélico mundo de los espejismos, a favor de nuestra psique he de decir que hay momentos que, resulten reales o no, nos han fascinado y emocionado como tal.

Y eso es tan real como lo hayas sentido.

Brutalmente real.

En ese momento no había nada más, y eso no te lo quita ni dios.

Glycerine

          Y el tiempo pasa, a veces llueve, a veces sale el sol, a veces ando y pocas veces en la dirección que me gustaría. Si hay una razón debe ser una razón cobarde, y esa es la peor razón para no hacer algo, para no intentar algo. Cada paso que no das por cobardía te acerca más a la nada, al siguiente limbo de recuerdos, al «debería haber ido» o al «¿qué habría pasado?». Y quedarse con las ganas de saberlo por miedo a que no estemos andando el mismo camino con la misma intención es del género idiota. Pero es que somos idiotas.

          Y es que me bloquea, joder. La pienso y me pierdo entre lo que hay y lo que quiero, me quedo encajado y me sale una broma a destiempo, como cuando te pones nervioso en una exposición y dices «tetas» en lugar de «metas» y se ríe hasta el bedel.

Todo muy vergonzoso.
Y me pongo asquerosamente poético y su música me alegra el día.

¿Qué no haría su boca?
¿Y sus ojos?
Dos trenes, cien pasos.
No parece muy lejos.